Música y funerales: las melódicas partituras del adiós

La música forma parte de todas las etapas de la vida. Es más, hay testimonios de personas que han tenido experiencias cercanas a la muerte y todas coinciden en algo: escucharon un especialísimo tipo de música en ese momento.

La música forma parte del rito funerario desde hace miles de años. En todos los pueblos, culturas y tradiciones sonaron (y suenan) himnos en honor al fallecido, aunque es cierto que algunas culturas lo prohiben por completo.

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En Simboliza (www.simboliza.org), la ceremonia ‘Despedida del cuerpo’ (funeral) es oficiada por un celebrante entre tres y cuarenta días después del fallecimiento. Se trata de un momento íntimo, planteado desde el corazón y a gusto y sentir de los familiares y allegados, con el objetivo de transmutar el sentimiento de pérdida y vacío en otro de gratitud y paz.

El culto judío, en lo relacionado con la muerte, está lleno de rituales. Durante su servicio fúnebre (muy simple, de unos 20 minutos de duración aproximadamente) está prohibida la música; es más: la comunidad espera que la familia de quien ha muerto no asista en un año a celebraciones y actos donde se ofrezcan conciertos (que relacionan con la alegría).

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¿Listas musicales para funerales y funerarias? Sí: las hay. Cuando nos detenemos en qué es lo que más se escucha en el Reino Unido durante el momento de la despedida a un ser querido hay un cantante que encabeza desde hace varios años este ‘hit’: Frank Sinatra con ‘My way’ seguido de cerca por Andrea Bocelli y ‘Time to say goodbye’ y Bette Midler y su ‘Wind beneath my wings’.

La música clásica funeraria tiene en Bach, Chopin, Rachmaninov y Handel sus grandes compositores, sin olvidar los ‘Requiems’ de Fauré, Mozart y Brahms. ‘Requiem’, por cierto, es un término latino que significa “descanso”; la ‘Misa de Requiem’ católica (oficio también presente en la iglesia anglicana y la ortodoxa) señala en su ‘Introito’ (introducción, primera parte del funeral) esto: “Requiem æternam dona eis, Domine, et lux perpetua luceat eis” (“Concédeles el descanso eterno, Señor, y que brille para ellos la luz perpetua”). De ahí se extrajo la palabra ‘Requiem’, que llevan como título más de un centenar de composiciones musicales litúrgicas.

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