Los cipreses en los cementerios

Los cipreses crecen en los cementerios, y como sucede siempre, no es por casualidad. Un ciprés, por su forma alta, alargada y poderosa, es una conexión directa entre el cielo y la tierra y un árbol que aparece siempre en cualquier referencia funeraria. El funeral es una ceremonia que en Simboliza lleva por nombre ‘Despedida del cuerpo’.

Sus raíces, firmes y fuertes, crecen muy hondas, muy profundas; y es ahí, varios metros bajo la superficie, donde se extienden. Más allá del componente simbólico, un ciprés plantado en un camposanto nunca motivará que se levanten las tumbas. El ciprés es un árbol tremendamente fuerte, de resina que nunca se estropea, de madera duradera y noble y follaje persistente: es un árbol inmortal (como las almas). Guarda y recibe en la zona donde descansan los restos de los cuerpos (es, también, un árbol de bienvenida en las fincas y hogares mediterráneos)… pero habla del más allá (de hecho, en heráldica un ciprés simboliza “elevados y nobles sentimientos, como la idea de incorruptibilidad).

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Los romanos consagraron el ciprés al dios Plutón y le asignaron el calificativo de árbol fúnebre. Pero los ritos y ceremonias vienen de mucho tiempo atrás: anteriormente a la cultura helénica, tal y como recoge el ‘Diccionario de los Símbolos’ de H. Biedermann, los cipreses y los cultos al mundo subterráneo estaban estrechamente relacionados; se creía, además, que repelían hechizos malignos y se asociaban a lo medicinal.

Los cipreses, sí, creen en Dios.

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