El duelo te cambia

Sí, ¡el duelo te cambia!

Pasar por la experiencia de la pérdida, y de la pérdida de un ser querido, requiere un tiempo de aclimatación a nuestra nueva vida y esa situación puede llevar varios años. En nuestros tiempos hay dos elementos a tener en cuenta: uno, en cuestiones emocionales no vale la prisa; y dos, de aquí se sale reconvertido.

superar un duelo

Las experiencias de dolor de un fallecimiento traen consigo una transformación en las personas que lo han vivido. Crecimiento, madurez, capacidad de salir de las mismas (luego, dejar a un lado los egos), empatía mayor hacia los otros, aumento de la compasión, desarrollo de la sensibilidad e incremento de la capacidad de amar son algunas de las nuevas pautas de vida que se adhieren a aquellos que han transitado correctamente por un tiempo de estas características.

La pregunta es ahora, ¿cómo hacerlo correctamente? No hay recetas pero sí pautas que siempre, siempre, ayudan. Una de ellas, importante, es sentir el dolor. Dejarlo salir. No hacerse el fuerte. No ‘quedar bien’ delante de los otros diciendo “ya lo superé, continúo con mi vida”. No. Las emociones son como un río y es necesario que fluyan, que salgan, que aparezcan.

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Para sentir el dolor es importante compartirlo con las personas cercanas. Una ceremonia de despedida del cuerpor de Simboliza ( www.simboliza.orgpermite ese “no guardárselo para ti mismo por miedo a cansar o a molestar”. Aceptar ‘de cabeza’ es la fase inicial y quizás la más sencilla. Aceptar de corazón es el paso más complicado, paso que se realiza en una segunda fase.

aceptar de corazon

Compartir esa experiencia por la que estás viajando con los más allegados va a abrir las puertas a un segundo peldaño fundamental: aprender a vivir sin aquel o aquella que se ha ido. Aunque ahora esto parezca una pendiente pronunciada, tal vez cuando miremos atrás transcurrido ya un tiempo nos daremos cuenta que se aprende a vivir solo/a, a tomar decisiones por nosotros mismos, a desempeñar tareas que antes se delegaban y, definitivamente, a ver la vida con otros ojos. ¿Más amplios? Seguramente, la respuesta será “sí” y seguramente se irá descubriendo un poco más cada día.

Y no olvides nunca esto: el corazón herido cicatriza abriéndose a los demás.

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