Enterramientos de los tuaregs, reyes del desierto

El pueblo Tuareg, rey del desierto del Sahara. Pueblo nómada que controló el comercio durante siglos en esa zona inhóspita del norte de África. Pueblo dedicado al pastoreo y pueblo indomable con la gallardía, la nobleza y el valor de los mejores guerreros y con el misterio de las leyendas que cuentan su origen atlante cuando una reina, Tin Hinan, dirigió su destino. Los tuaregs entierran a sus muertos en ceremonias sencillas, cortas y solemnes, funerales que en Simboliza se denominan ‘Despedidas del Cuerpo’.

tuareg

Tras el sepelio, el cortejo fúnebre acompaña a la familia de la persona fallecida al interior de su vivienda, donde se sirve un banquete. Curiosamente, al igual que los mongoles o los guajiros colombianos, la etnia tuareg evita pronunciar el nombre de quien ya no vive para impedir que la muerte llegue a por más víctimas. Así lo cuenta el antropólogo británico James Frazer en su libro ‘La rama dorada’.

Para sellar el fallecimiento, colocan dos piedras en la tumba si es hombre: una en la cabeza y otra en los pies; en caso de tratarse de una mujer, llevará otra más… en el vientre.

tuaregs ruta

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La luna y la muerte

Son muchas las leyendas y mitos que hacen referencia a la muerte en relación con la luna, o a la luna en relación con la muerte. Funerales ‘lunares’ como ritos de adiós, una ceremonia que en Simboliza se denomina ‘Despedida del Cuerpo’.

En la mitología de La India brahmánica, la Luna está donde van las almas de los difuntos (una especie de ‘reino de los muertos’). En la antigua Grecia, las fases lunares estaban representadas por tres diosas: Artemisa (la luna nueva), Selene (luna llena) y Hécate (la cara oculta de la luna, su lado oscuro); Hécate, según la mitología helénica, erraba entre los cuerpos de los muertos, habitaba en las tumbas, en los lugares solitarios, en las encrucijadas de caminos, enseñaba brujería y su presencia era anunciada por el aullido de los perros.

selene

Los mayas tenía en Ix’Chel (llamada “la blanca” o “el corazón del cielo”) su representación de la Divina Madre y… de la diosa de la Luna. La Divina Madre tiene varios aspectos fundamentales representados en diversas deidades (según culturas, religiones, tradiciones, mitos…); uno de estos aspectos del Ser Femenino es el de “reina de los infiernos y de la muerte”, la que “se traga al ego en los infiernos dantescos para que la esencia o alma vuelva a su prística pureza”; también válido para la diosa Proserpina de Egipto.

Y todo, bajo una luz muy… lunar.

ixchel

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Los samurái: el pueblo que no temía a la muerte

Samurái: un icono de la cultura japonesa. El término deriva de ‘Saburau’ que, en japonés antiguo, significa “servir”. Los Samurai son “aquellos que sirven”. Los guerreros que no temían a la muerte y que hacían de este lema, “la muerte es una puerta para una vida muy digna” una de sus consignas. Sus funerales (una ceremonia que en Simboliza se denomina ‘Despedida del Cuerpo’) eran rituales sentidos de respeto y honor.

Un samurái tenía como código de conducta el ‘Bushido’ o ‘Camino del guerrero’ con estos principios: justicia (‘Gi’), coraje (‘Yukki’), benevolencia (‘Jin’), respeto (‘Rei’), honestidad (‘Makoto’), honor (‘Meiyo’) y lealtad (‘Chuugi’). Si no era capaz de cumplirlos sólo le quedaba una salida: acabar con su vida en un tremendo ritual denominado ‘Seppuku’.

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Más allá de su destreza como guerreros, del extraordinario manejo de la Katana (creían que su alma se entroncaba con el ‘alma’ de esta espada formando un todo) y de sus principios inquebrantables, los Samurái eran una casta libre, que hacía más o menos lo que le venía en gana. Temidos, respetados, intocables… y artistas; sí: también artistas. Literatos, poetas, músicos… cuando no combatían creaban jardines acuáticos, apostaban por el enraizamiento de ceremonias tan exquisitas como la ‘ceremonia del té’, cultivaban la mente, meditaban… eran auténticos caballeros. Caballeros que (eso sí) tenían licencia para matar. Caballeros, en muchos casos, extraordinariamente crueles.

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El ‘Más Allá’ en la cultura celta

Si hay un Más Allá mitológico digno de ser contado es el mágico Más Allá de los celtas. Las antiguas creencias de los galos sobre la ‘Ultratumba’ aparecen recogidas por un historiador bizantino, Procopio de Cesarea, en el siglo VI. Narraba éste, entonces, que en aquellos tiempos se creía que la ‘tierra de la muerte’ (y hablamos de los ritos funerarios celtas) se situaba al oeste de la isla de Gran Bretaña. La muerte, en Simboliza, tiene una ceremonia denominada ‘Despedida del Cuerpo’ donde los elementos de la naturaleza (el agua, el fuego, la tierra y el aire) aportan riqueza y matiz en la honra fúnebre al ser querido.

celtas mas alla

Las almas que abandonaban el cuerpo se dirigían al norte de la Galia y, desde ahí, embarcaban hacia Bretaña. Esas ánimas, cuando se iba la luz del día, llamaban con insistencia a las puertas de los marineros galos para que les embarcasen rumbo a su nuevo hogar. Tocaban a sus puertas insistentemente (según el credo celta) hasta que estos se decidían a cruzar el canal en naves fantasmagóricas; naves que, en la mitología de la región de Bretaña, llevaban el nombre de Bag An Noz (barca de noche). Y ahí comenzaba la ceremonia del tránsito…

cultura celta barcas

El Más Allá celta, cuando es paraíso, es Tir na nÓg, la tierra de los bienaventurados, un lugar eternamente verde; o es Mag Mell, la planicie del deleite. En ambos, hay un árbol que reina por doquier: el manzano, el árbol del Otro Mundo celta por antonomasia (nada que ver con el mediterráneo ciprés y su contenida elegancia).

paraiso celta

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¿Por qué se momificaba a los muertos?

La momificación de los muertos está relacionada con Egipto. Es cierto que algunos pueblos antecesores de esta cultura ya practicaban esta forma de inhumación, pero con los egipcios alcanza su máximo esplendor. Algunos estudios hablan de que fueron las inundaciones del Nilo las que obligaron a momificar los cadáveres para purificarlos y evitar las epidemias mortales derivadas de cuerpos flotando sobre el agua. En todo caso, las momias de Egipto responden a una creencia religiosa en la vida (corpórea) más allá de la muerte y a un complejo ritual funerario y cultural. En Simboliza (www.simboliza.org), la ceremonia funeral lleva por título ‘Despedida del Cuerpo’.

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Momificar a un muerto era un trabajo que duraba 70 días. Cuando el cerebro y las vísceras se extraían del cuerpo, éste se cubría con aceites vegetales (resina de coníferas, sobre todo), aceites animales (cera de abejas) y ungüentos. El corazón era el único órgano que permanecía en su lugar o se extraía y volvía a colocarse en su sitio: los egipcios consideraban que en él anidaban los sentimientos, el pensamiento, la conciencia y la vida.

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La base religiosa de la momificación es ésta: para los egipcios, la muerte significaba una separación entre el soporte inmaterial (‘ba’, que era para ellos el alma y ‘ka’, la energía vital) y el soporte material (cuerpo). Al ‘despertar’ en otra vida, ‘ba’ y ‘ka’ debían reintegrarse en un cuerpo purificado, que transmutaría en otro con un matiz divino.

También en las momias egipcias había categorías, en función del nivel y trabajo de los embalsamadores; por supuesto, la palma se la llevaban los faraones y sus máscaras funerarias de oro. Mientras, las familias más comunes solían aportar para el proceso sus propios paños y vendas de lino, cortados en tiras y extraídos de ropajes viejos.

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Los funerales en México: máscaras y una forma diferente de entender la muerte

En México, las máscaras son un elemento cultural, decorativo y diferenciador. Sus máscaras se relacionan con la lucha y, desde luego, con ceremonias y rituales muy tradicionales. En este país, donde se festeja a los muertos por todo lo alto durante jornadas enteras de celebración callejera (el Día de los Muertos), las máscaras de funerales fueron sumamente especiales (e importantes) también en civilizaciones previas a la llegada de los españoles.

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El funeral, en Simboliza, es la ‘Despedida del Cuerpo’ (www.simboliza.org), una ceremonia de confraternización y agradecimiento hacia la persona fallecida llena, igualmente, de elementos simbólicos (agua, fuego, tierra, aire, éter).

Las máscaras en el México antiguo fueron de uso común por los sacerdotes para reencarnar a dioses. Llevar la máscara de un jaguar o de un águila era obtener el poder de ese animal/tótem. También aparecen en bailes, procesiones y representaciones teatrales con componente burlesco, sobre todo.

mascara mexico teatro

En el caso que nos ocupa, un funeral, sólo se utilizan máscaras en los enterramientos de personas élite y, para estos momentos, se confeccionan con materiales especiales y piedras preciosas: el jade, la concha, la obsidiana o la hematita. En el caso del gobernante maya K’inich Janaab’ Pakal, el descubrimiento de su tumba deparó, entre otras sorpresas, una máscara perfecta elaborada con 340 teselas (o piezas de mosaico) de piedras como la jadeíta y la albita.

mascara mexico rey

¿Por qué estos materiales? Una máscara era el elemento ritual esencial y básico del enterramiento de un gobernante en el pueblo maya. Sus rasgos, los retratados en ella, son una mezcla de los reales y los supuestamente divinos; esos materiales que conformaban la máscara (jade siempre, concha, caracol, obsidiana…) significaban la unión de la religión y las costumbres de un pueblo: materiales habituales en tierra mexicana… y, a la vez, enlazados con la divinidad. Una máscara, en la inhumación de un rey, significaba su entrada directa en el universo de las deidades… con un rostro enriquecido.

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Los enterramientos en Mesopotamia

Mientras los egipcios crearon grandiosos monumentos funerarios y hacían del viaje al más allá una de las piezas claves de sus cultos religiosos, los enterramientos mesopotámicos eran muy simples. Ahí, en Babilonia, los monumentos funerarios dignos de mención (reyes y nobles) aparecían como excepciones y rarezas (en Ur, por ejemplo, sí se encuentran tumbas poderosas llenas de objetos tallados en oro y piedras preciosas). La civilización de los pueblos mesopotámicos se desarrolló en Oriente Próximo, entre los ríos Tigris y Éufrates, con el 2.000/3.000 a.d.C. como periodo de máximo desarrollo.

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El más allá era, para los babilónicos, un reino de sombras lleno de barro y polvo. Los muertos sufrían mucha sed, razón por la que en las ofrendas funerarias o de honor a los fallecidos el agua tenía suma importancia (en las tumbas más elaboradas han podido encontrarse jarras y vasijas que acompañaban a los fallecidos en su viaje hacia el otro lado).

En Simboliza (www.simboliza.org) la ceremonia ‘Despedida del Cuerpo (funeral)’ hace uso del  elemento agua como una parte importante de este ritual del adiós en paz y el deseo de un feliz tránsito del alma en la persona fallecida. El agua junto al fuego, la tierra, el aire y el éter completando la simbología ceremonial.

En Mesopotamia, el culto a los antepasados fallecidos recaía en el hijo heredero, que recordaba a aquellos de su clan que se habían ido. Los babilonios miraban a la muerte como a la sombra, al “país sin retorno”. Como curiosidad, sólo al héroe de la leyenda del diluvio, Utanapishtim, le fue permitido disfrutar de la vida eterna junto a los dioses… pero, eso sí, en el ‘más acá’: en la Tierra. Es llamativo que también aparece el agua como pieza básica en esta leyenda mesopotámica de heroicidad humana.

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Un emperador romano y un astrólogo: ‘padres’ del actual calendario

La muerte del emperador romano Julio César (44 a.d. C.) es un suceso histórico representado, leído y releído. Una conspiración hizo que fuera traicionado y asesinado por sus más cercanos (recibió 23 puñaladas de 60 senadores en el mismo Senado Romano). Un magnicidio que tuvo consecuencias bélicas en el Imperio y que hizo que, en honor a Julio César, el término ‘César’ fuera adoptado por todos sus sucesores.

Sus exequias funerarias estuvieron a la altura de su vida y su posición, que dejó muchas luces y sombras, muchos logros… y un calendario, el actual calendario por el que nos regimos. El calendario ‘juliano’. Julio César lo implantó dos años antes de su muerte y lo hizo en un año especial, el 46 a.d.C, el llamado “año de la confusión”.

julio cesar calendario

En Simboliza (www.simboliza.org) la ceremonia ‘Despedida del Cuerpo’ es el funeral que honra y recuerda al ser querido que ha muerto; lo hace en un ambiente y clima de paz y sosiego, que busca transmutar la pena por la profunda gratitud.

El astrónomo alejandrino Sosígenes aconsejó este cambio al emperador y, así, Julio César hizo de 30 y 31 días los meses de 29 y 30, repartiendo así los 11 días que sobraban. Febrero era el último mes del año en el tradicional calendario romano… razón por la que se quedó en los 28 o 29 días (no le llegó el ‘reparto juliano’).

julio cesar y sosigenes

Así, el 46 a.d.C. (el año 708 desde la fundación de Roma) tuvo tres meses a mayores, 445 días en total. Todo un año confuso para conseguir el reajuste. El Senado Romano sería el que decidió ponerle el nombre de ‘julio’ a un mes en honor de Julio César (era, en la tradición romana el mes quinto, el ‘quintilis’). Por paradojas de la historia y la vida, el Senado fue también quien mató dos años después al emperador de este modo honraba.

El calendario de Julio César es su gran herencia: aún pervive en el tiempo.

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“Prohibido morir”: las curiosas dificultades que enfrenta el rito funerario

“Prohibido morir”. De este modo intentó resolver un municipio italiano del sur (unos 4.000 habitantes, zona de la Campania, a 50 kilómetros de Nápoles) sus problemas de falta de terrenos para construir un cementerio. El alcalde de Falciano del Massico emitió hace un par de años un edicto en el que, textualmente, se decía: “prohibición de hecho a los ciudadanos, residentes o de paso, a cruzar el límite de la vida terrena para ir al más allá”. El único camposanto disponible era el de una población vecina, con la que la peculiar Falciano del Massico había roto relaciones institucionales hacía varias décadas; luego su alcalde, cardiólogo de profesión, dictaminó esta sorprendente medida para ir solventando el problema de la inhumación, medida (prohibición) que se requería cumplir “en la medida de las posibilidades de cada uno”.

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